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sábado, 17 de diciembre de 2016

Oh nein! Deutschland: deuda con la compota de manzana



Los que disfrutamos la niñez bajo el abrigo del campo socialista teníamos entre los más controvertidos alimentos las compotas de manzana que llegaban desde la URSS por toneladas. Unos las odiaban por ser tan ácidas y otros con una felicidad infinita, como era mi caso,  las terciábamos con agua helada y azúcar para disfrutar una refrescante bebida tropicalizada.




Compota de manzana de la región de Brandenburgo


Con la caída del muro desaparecieron de cuajo los productos enviados por los hermanos socialistas, y entre los primeros ausentes mis bien-amadas compotas de manzana. En los años que siguieron conformaban la lista de las añoranzas de los cubanos cuando se reunían en los apagones a hablar de los tiempos de bonanza. No  es de extrañar que 25 años después, aún con el jet lag por el cambio de uso horario  las buscara casi con desesperación  en un abarrotado mercado alemán, diccionario en mano, por supuesto.

Apfelmus: compota o puré de manzana. Al descubrirlo mi corazón se aceleró y volé del mercado a la casa para chocar con aquel sabor tantos años ausentes. Con cierta decepción constaté que no era tan ácido como la versión rusa, pero bueno, del lobo unos cuantos pelos. Ahí lo tenía. Lo tomaba hecho refresco o puro a cualquier hora y con cualquier motivo.  Semana tras semana durante unos 7 meses estuvo en nuestra compra cual constante matemática. No recuerdo el día que le levanté una ceja para decirle que lo iba a dejar descansar un poco. “Hasta el Apfelmus cansa”, diría el poeta. Y yo digo: “Deuda saldada”.

sábado, 13 de agosto de 2016

Los buenos, los malos y los 55 años de la construcción del muro de Berlin

Imagina que vives en una bella ciudad donde compartes regularmente con familia y amigos. Una mañana te despiertas y descubres que en la acera de al lado soldados extranjeros están haciendo un muro. No tienes muy claro el objetivo pero al siguiente día la calle está cerrada. El muro se ha cerrado en redondo. Si quedaste fuera del redondel del muro, te acaban prohibir un espacio de tu ciudad, quizá aquel donde conociste a tu primer amor, o donde naciste. Para visitar a tu familia y amigos tienes que realizar trámites burocráticos y utilizar un punto de acceso específico, y en ese punto de acceso eres revisado como si fueses un criminal. Puedes realizar visitas cortas los domingos y sentarte en una cafetería donde tienes que pagar precios altos. Si quedaste dentro del muro han terminado para ti los días donde decidías libremente en qué lugar pasar las vacaciones. No podrás caminar hacia el otro lado sin pedir permiso, y deberás tener pasaporte. Si quieres salirte del muro, porque no deseas vivir dentro, lo puedes pagar con tu vida -y muchos lo pagaron. A partir de ahora en el punto de acceso se despedirán los de dentro y los de afuera hasta la próxima vez con muchas lágrimas.

Imagen actual más famosa del muro. Galería del Este, Friedrichschain


Este es solo un botón de muestra en la arista humana de lo que significó el fenómeno macro de la división del mundo en dos ideologías para los berlineses. Fue una pesadilla que comenzó el 13 de agosto de 1961 y terminó el 9 de noviembre de 1989. Constatar la realidad in situ, mirar fotos, videos, hablar con la gente, ha sido una experiencia enriquecedora que te hace pensar -tal vez demasiado- en esas dos divisiones de los buenos y los malos, lo justo y lo injusto, la verdad y la mentira. El cerebro te da vueltas, sientes mareo cuando enfrentas todo lo que un día creíste y ves que el fondo de la realidad no era como te lo contaron. Es doloroso -muy doloroso- el día que descubres que la libertad es mucho más que tener una vida con cierta seguridad. La libertad tiene que ver con que nadie intente frenar tu voluntad de expandirte como ser humano, ni imponerte lo que cree es mejor para ti. Y que la libertad de elección es un derecho irrenunciable del ser humano. Por frenar libertades fue tan controvertido ese muro.

El muro de Berlin cayó. Solo quedan pedazos de aquella pared y la mayoría de los alemanes celebra la reunificación(Wiedervereinigung). Siempre resulta fácil juzgar los hechos del pasado con perspectivas actuales. Y yo no quiero juzgar. El mundo ha sido- y al parecer seguirá siendo- así:  unos imponen las reglas del juego a los otros, incluso en cualquier elección el porciento en contra -aun en 1%- se deberá conformar con la decisión de la mayoría. ¿Son buenos o malos? ¿Cuál bondad o maldad prefieres? Muchos otros muros deben ser derribados mientras el mundo se sigue moviendo en ese caldo de cultivo lleno de variables: libertad, dinero, poder, sociedad, igualdad, desigualdad... De momento nada mejor que buscar su propia verdad y derribar sus muros internos, a fin de cuentas esos son los únicos sobre los que se tiene un poco de control.

domingo, 3 de julio de 2016

El football y yo II: limpiando rencores

Ayer viendo el partido Alemania-Italia en cuartos de final, sentí por primera vez desde Italia 90 deseos de que ganara Alemania. Me empecé a preocupar.  "Según tú tienes una aversión acérrima al football alemán y es una larga historia ya contada", me dije. "No estás siendo consecuente con ese rencor de un cuarto de siglo". En cada tiro al arco en la final de decidida por penalties estaba tensa. Y cuando Alemania falló dos seguidos se me apretó el pecho, luego relajación en el empate.

"Humm, me parece que los estás perdonando", seguí pensando. "Bueno al fin y al cabo aquel equipo no es el mismo ya", me justifiqué. Quizás es bueno tener un segundo equipo, por si el favorito falla al menos tener consuelo en el cual refugiarse. En la liga cubana de baseball lo tenías, aquí puedes hacer lo mismo. Mientras no jueguen con Argentina o Cuba, que esta  última no parece vaya a estar en la cima en los próximos tiempos... Al fin y al cabo es bueno reconocer que juegan bien. En esta limpieza de asperezas quizá influyó una entrevista "Dos héroes alemanes", al entrenador Joachim Löw junto a Udo Lindenberg(cantante insignia) -la primera leída y entendida-completamente en alemán. Si pierden -me empezó a doler pensar en la posibilidad que perdieran- al menos te consuelas de que ellos tienen algunos problemas resueltos que millones de personas no tienen en el planeta.

Foto fija del último penalty


Así en estos pensamientos llegó el esperado gol final, en las piernas de un jovenzuelo, que le dio la victoria a los teutones. El gol, además, sacó el rencor añejo de mi corazón. Sentí esa brisa fresca que me inunda cuando siento que un episodio doloroso no me afecta. Perdonados, aunque no olvidado.

domingo, 8 de mayo de 2016

Mis 7 emociones en Dresde

Dresde(en alemán es Dresden) es la capital del estado federal Sajonia(Sachen). Pertenecía a la República Democrática Alemana y era famosa por sus festivales de la canción socialista. Es una ciudad que combina las expresiones del arte para hacerte sentir con deseos de conocerla. El azar divino nos llevó allá y vivimos muchas emociones.


1. El valle del Elba.

Desde pequeña oí hablar de este río con el nombre de mi abuela paterna. Estar en la misma orilla, perdernos por los senderos, caminando por la ladera empinada y disfrutar el valle desde uno de sus castillos fue lo más emocionante de este viaje. Una mezcla divina de recuerdos y encuentros conmigo misma. El valle perdió la condición de Patrimonio de la Humanidad por la construcción de un nuevo puente. Pero esa vista del valle invita a muchas fotos... y a una jarra de medio litro de cerveza alemana.

Valle del Elba desde uno de los castillos
Desde una orilla, hacia los castillos del Elba
Barco turístico surcando el río
2. El Zwienger.

El palacio Zwienger, un edificio barroco,  contiene tres museos.
  • La colección más importante de porcelana mundial. La región de Dresden es la cuna de la porcelana Meisser, la más famosa de Alemania. Los fanáticos de la porcelana no deben perderse este recorrido por lo mejor del mundo China, Japón, y Europa desde tiempos inmemoriales. 
  • El salón de Física Matemática, expone instrumentos de medición muy antiguos: relojes, astrolabios, ... Joyas de la orfebrería y la ciencia.
  • La Galería viejos Maestros con obras desde el renacimiento hasta el siglo XIX. Se puede disfrutar de la Madonna de la Sixtina de Rafael y de algunos cuadros de Rembrandt, pasando por lo mejor de la escuela italiana.

Patio interior del Zwienger
La Madonna de la Sixtina, de Rafael (1512/1513)
Puerta de las coronas, una de las entradas del Zwienger

Porcelanas en Dresde, no mirar el precio

3. El casco histórico.
Pasear por el casco histórico es un regalo de 360 grados para la vista. Lo más asombroso es que fue casi completamente destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido en los años siguientes según las fotografías de los originales. Las mujeres y los niños llevaron la voz cantante de la hazaña.

Escaleras al balcón del Elba

Casco histórico
Iglesia luterana de Nuestra Señora, con una estatua a Martín Lutero

4. Encuentro con la tecnología de la infancia: Robotrón


5. Vistas de la ciudad con el río
Hay una vista muy famosa de la ciudad, inspiración de un cuadro del pintor veneciano Canaletto. La vista de Canaletto es  la famosa pero las demás inspiran a cualquiera.

Augustbrücke, el puente principal de la ciudad
Vista de la ciudad desde el Augustbrücke

Desde el balcón del Elba

Vista más alejada de la ciudad



6. El Großegarten (el jardín grande)
El pulmón verde de la ciudad puede ser recorrido en un trencito. La particularidad es que por tradición del parque los ninos y adolescentes vestidos de ferroviarios son los que venden los boletines y los chequean en las distintas paradas. La calle principal mide 2 km.

Großegarten


7. Visita a una manufactura de Volkswagen.
Hecha completamente de vidrios para el autoconsumo de energía. Fue construida al precio exorbitante de 187 millones, es un excelente lugar para curiosos.

Manufactura de VW













domingo, 1 de mayo de 2016

Oh nein, Deutschland! Diccionario en ristre o pan con manteca

En ese proceso de mudarse por tiempo indefinido a un país con un idioma desconocido uno de los choques grandes es encontrar lo que necesitas en el mercado. No vamos a hablar del surtido que cada cual se imagina que nada tiene que ver con un mercado cubano, sino de la dificultad que entraña encontrar lo que necesitas por su denominación. En los inicios la compra era siempre auxiliada por el diccionario buscando en los casos que no fuera obvio por su nombre o presentación. Pero hay momentos que la gente va entrando en confianza (nunca creyendo que sabes alemán, qué va) y ocurren fallos agresivos al paladar.



Aquí les dejo el diálogo de dos cubanos en un mercado alemán:

Él: Mi amor, mira esto luce bien para echarle al pan.
Ella: Ah sí, tiene algo de carne de puerco(Schwein), echándole una rápida ojeada a los ingredientes.
Él: A ver... el nombre Griebenschmalz... ¿Qué será?
Ella: Puedes buscar en el diccionario del móvil.
Él: Qué va, me pesa. Mejor no lo compramos... Es que no sé… No estoy seguro. Bueno... no vale tan caro.
Ella: Cómpralo mi amor y tomamos eso como algo nuevo a probar esta semana.

Y él lo depositó en el carrito de compras.

Un desayuno días después.

Ella: Ah no hemos probado eso de echarle al pan.
Él:  "Pérate"… ahora mismo.

De precipitada ella tomó un poco con la punta del cuchillo  y se le descompuso la cara en un momento.

Ella: Esto sabe a pura manteca de puerco. Uf, con los años que hace que quité eso de mi dieta.
Él: (Buscando en diccionario) Pues mira que sí es manteca(Schmalz) con chicharrones(Grieben), o sea lo que en Cuba llamamos una manteca con surrapa de chicharrones, ni más ni menos.

La manteca fue a dar entre carcajadas incontenibles al fondo del congelador esperando utilizar un poco en algún plátano o yuca antes de lanzarla definitivamente.



miércoles, 20 de abril de 2016

Tulpenfest: La fiesta de los tulipanes

Este domingo se celebró en Postdam, ciudad siempre encantadora a menos de una hora de Berlin la Fiesta de los tulipanes(Tulpenfest 2016). Por el nombre puede pensarse que se encontarán solo tulipanes, o sea esta maravillosa flor símbolo de la primavera pero no, es toda una fiesta de tradiciones holandesas. Vale aclarar que en Postdam hay un barrio holandés que es todo un ícono  de belleza y tradiciones dentro de la ciudad.

Los tulipanes son de una tierna belleza, y una variedad de colores bastante amplia, tenerlos cerca es una de las maravillas de esta aventura europea.

Tulipanes.


Hoy dejo que las imágenes hablen por sí mismas.


Los zapatos de madera, cómodos en verano, calientes en invierno.(según el slogan)

Ah, los Poffertjes...deliciosos con licor no aptos para ninguna dieta

Danza de los mayorcitos, trajes típicos y los zapatos de madera

La danza tiene parte de actuación y buena coreografía.

Tejiendo la lana de las ovejas... funciona ...mira el video debajo

Hilando la holandesa.

Escenario para música tradicional.

Sonaron bien y animaron la multitud.

Como corre tras la "vaca".

Quien dijo que hace falta lavadora :)



Como verán me entretuve tanto en otras tradiciones que al final no le saqué foto a los que vendían semillas de tulipanes.

sábado, 9 de abril de 2016

Oh nein, Deutschland! Fallo de la tecnología o primer escándalo cubano en alemán

Hace unos días hablaba que la gente tiende a tirar un velo de perfección al mencionar Alemania. No los culpo, también yo al inicio. Lo que ocurre es que el que viene con mentalidad subdesarrollada a veces duda de que todo en una sociedad funcione. Un mal funcionamiento es una excepción y se convierten en un verdadero asombro que a veces no sabes cómo manejar. Así guiada por esta idea de perfección teutona un muy frío y lluvioso día de marzo 2015 me dirigí al correo más cercano a echar una carta. La carta no tenía sello (Briefmarke). El correo estaba cerrado pues aún no eran las 8 y abría a las 9. Pero para mi "gran suerte" había un expendedor de sellos (Briefmarkenautomat), un aparato similar a un cajero automático, pero que introduciendo monedas o la tarjeta magnética expendía sellos de cualquier denominación. «Verdad que estos alemanes están "escapados"», pensé. Ah, pero cuando reviso en mi cartera no tenía suficiente menudo pues una carta nacional que era el caso necesitaba 0,65 €. El choque con la nueva tecnología siempre asusta, y bueno yo estaba muy asustada pero debía resolver. El aparato no aceptaba billetes, así que metí mi tarjeta magnética. Luego el procedimiento de seleccionar(auswahlen) el sello, y luego... no entregaba el sello, la tecla Cancelar no funcionaba, y lo que es peor: no salía mi tarjeta magnética.

Expendedor automático de sellos(Briefmarkenautomat)


Me ayudó la solidaridad alemana pues un retirado(Retner) que pasó por allí con su carrito de compras intentó ayudarme. Fue a un taller automotriz del frente y pidió una pinza. Tarea infructuosa, aquello inamovible. Luego localizamos en Internet el número de Deutsche Post y nos dieron la infeliz noticia que demoraban alrededor de cuatro horas en venir pues eso es un servicio centralizado para toda la ciudad. Hasta la 1:00 pm(aún faltaba para las 9:00 am) no vendrían. Agradecí al Retner su ayuda y luego descubriríamos que éramos vecinos pues nos encontramos de vez en cuando en el parque cercano. El correo abrió a las 9 y yo tenía la esperanza de que ellos pudieran hacer algo, pero no.

El asunto se complicaba pues yo tenía una cita(Termin), por lo cual no me podía quedar vigilante de mi tarjeta las cuanto horas. Con mucha humildad y usando lo mejor que pude la formalidad alemana(Bitte, Können Sie...Por favor, podría Ud...) le pedí al empleado de Deutsche Post que le pusiera un cartel al Briefmarkenautomat que impidiera que alguien pudiera coger mi tarjeta. Y el muy cuadrado descaradamente me dijo que no. Le pregunté que si él tomaba la responsabilidad(casualmente me había aprendido esa palabra el día antes Veranwortung y ahí la consolidé). Y el muy degenerado me dijo que no. Ya sin otro recurso que meterle un escándalo cubano en alemán a aquel tipo me viré hacia la cola y con la rabia contenida y llanto de no saber qué carajos hacer lancé un discurso ablanda fibras pero con volumen solariego en mi mal alemán. «Yo no conozco a nadie en esta ciudad, y me pregunto si es posible(möglisch) que nadie me pueda ayudar, es mi dinero(Geld) y no puedo dejar todo mi dinero ahí para que alguien lo coja». Un asustado colega del irresponsable lanzó un «Warte mal!» (Espere) en lo que buscó una precinta oscura y un plumón permanente con el que selló el orificio donde estaba atrapada mi tarjeta y advertía que el equipo estaba fuera de servicio.

Cuatro horas más tarde, cuando pasé a buscar la tarjeta, el irresponsable era toda una ovejita sosegada que hasta se disculpó (Entschuldigen Sie bitte), y me exoneró de enseñar el pasaporte a la colega que me lo pedía para devolverme la tarjeta. No digo yo si me iba a recordar.