Pues sí
que hace días tengo esta idea en la cabeza y como no dejo que las
ideas me acosen demasiado y también cuento con la anuencia del otro
protagonista de la aventura germana me he decidido a contar algunos
episodios inéditos de esta estancia en Alemania que ya pasa de
un año. Habrá mezcla de idioma también pero la idea es guardar
nuestro paso por aquí.
Un
tiempo antes de salir de Cuba, para disipar miedos le escribí a una
de mis mejores amigas, la que consideraba que era la más adecuada
para darme una visión general de esa experiencia que es abandonar
sin fecha de regreso el lugar donde se nació. En un correo que casi
puedo repetir de memoria por las veces que leí, incluso ya estando
en Berlin, me dio su perspectiva de este fenómeno. Pero me dijo
ahora mismo no lo mires como un problema, míralo como que tienes más
opciones, y vívelo como una aventura. No lo niego ese término me
cautivó… y me animó a vivir mi aventura europea.
La
mayoría de la gente tiende a tirar un manto endulzado sobre lo que
es vivir fuera de Cuba. Y conozco gente que dicen: Alemania , ah,
estás en lo máximo. O sea creen en la perfección teutona y en la
total ausencia de problemas, descalabros, situaciones difíciles, o
sea un bello jardín donde se vino a pasear. Pero como diría quien
lo dijo: La realidad es definitivamente más rica en matices.
Estas
peripecias irán bajo el título Oh nein, Deutschland. El inicio de
la frase, nos lo regaló un precioso niño de dos años y medio y
literalmente es decir Oh no! La frase puede expresar un fastidio
gracioso por algo que te viene encima y que
definitivamente tienes que asumir. Y aquí les dejo con la historia
de la primera frase que aprendí en la calle….
Hey
Leuteeeee!!! o apártate que te llevo
¡Eh,
gente! (Leute), nuestra aventura comenzó, al menos para mi, viviendo en
Charlottenburg, hermoso barrio del oeste Berlín que pertenecía a la
parte inglesa durante la guerra fría. A pocos días de llegar para
no perder tiempo e ir adelantando con el idioma me inscribí en la
Volkshochschule de esa zona(escuela pública donde imparten diversos
cursos). Para bajar de peso, pues llegué a Berlin con unas cuantas
libras de más y quizá yo sea de los pocos casos registrados que al
salir de Cuba pierden peso, yo hacía diariamente al menos uno de los
dos recorridos de ir o venir a pie. Salía una hora antes de casa y
caminaba los cuatro km hasta la escuela tratando de mantener un paso
acelerado en todo momento.
Los
recorridos hasta la escuela tenían además el valor de ir
descubriendo cosas. Mientras caminaba miraba sin detenerme demasiado
la arquitectura de esos robustos edificios, tratado literalmente
“disfrutar el camino”. De vez en cuando hasta una que otra foto
tiraba con el móvil para compartir con los amigos y que me
acompañaran en esos momentos maravillosos de descubrimiento. Una de
las primeras veces de este recorrido, a solo tres cuadras de la
escuela mientras esperaba el cambio de una luz en el semáforo junto
a otra compañera de aula que encontré en el camino, atiné a ver
segundos antes de lo que pudo ser un accidente a un acelerado
ciclista que nos gritó con toda la fuerza de sus pulmones: Hey
Leuteeeee!!!! (¡Eh, genteeeee! ) para pasar casi rozándonos la nariz
a toda velocidad en una bicicleta.
«¿Pero
qué carajo es esto?»- se
me escapó en el más asustado y sonoro
castellano. Mi compañera
de clases se
quedó blanca como un papel y casi de
piedra en lo que ponían la señal del Ampelmann en verde para poder
cruzar. Por coincidencia histórica la clase de ese día fue sobre el
transporte en Alemania. Ahí supe que el acelerado ciclista tenía la
razón pues estábamos parados en su Fahrradbahn. En
Berlin las bicicletas, distinto a Cuba, van por la acera,
generalmente esta banda o senda es
de un material distinto o está pintado
y te das cuenta. Claro, Leute, cuando lo
sabes. Ahora
mientras andamos de caminata berlinesa
solo una frase basta:
Hey Leute! Y nos apartamos de la zona de peligro.
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| Fahrradbahn entre el cesped y la acera. Kulturforum, Berlin |